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Patrimonio olvidado, memoria literaria


Al amparo de la exposición Patrimonio olvidado, memoria literaria, que evoca, con el poder de las palabras, patrimonio desaparecido o abandonado de diferentes lugares de los Países Catalanes, presentamos espacios, paisajes y elementos que han formado parte del patrimonio natural e histórico de nuestra ciudad. De la mano - o la pluma, podríamos decir- de personas que fueron contemporáneos y que nos hablan y los describen, recuperamos la memoria de lugares ya desaparecidos, transformados u olvidados.

Esta exposición es también una muestra de la literatura que se ha hecho en Mollet, en muchos casos de manera excelente. Por eso hemos recuperado la voz de autores y personas que evocan aquel Mollet, como Joan Ambrós y Lloreda, Pere Bonvilà, Ferran Canyameres, Francesc Maspons, Josep M. Pou, Frederic Ros, Joan Solé Tura, Jordi Solé Tura y Vicenç Plantada.

La exposición y el trabajo de investigación que se ha hecho alrededor, tienen su origen en el proyecto colaborativo "Patrimonio olvidado, memoria literaria", impulsado por la Coordinadora de Centros de Estudio de Habla Catalana y el Instituto Ramon Llull. Puede consultarlo en la web patrimonioblidat.cat


 

Pineda Oscura

Esta carretera (el antiguo camino real) tenía el nombre de Pineda Oscura, porque atravesaba la pavorosa aliseda conocida con tal nombre. Excepto su trayecto, el resto eran unos zarzales, hiedras y ridortas. Los primeros llegaban a la mitad de la altura de los gruesos alberos, chopos, olmos, pinos, sauces y alisos que la poblaban; los segundos se colgaban de las cabezas al haber llegado a la cima de las más altas ramitas. Los lobos, a la cúspide del día, muy a menudo con su presencia hacían detener los mulos de los arrieros; el jabalí también se paseaba, y eran abundantes los conejos, tejones, ardillas y todo tipo de aves del país y forasteras (en su migración), llamando tanto comida y cantos la atención de los zorros, gatos almizcleros, malolientes, garduñas y hurones. También había pozas, pantanales, riegos y una acequia maestra (todavía existe hoy en día), que hacía que hubiera muchos peces, anguilas, ranas, sapos, reinetas y nutrias; y en la carretera unos helechos que hacía que los carros fueran a menudo hundidos hasta el botón y los mulos se hundían hasta las rodillas y más arriba.

 

Vicenç Plantada i Fonolleda (Mollet del Vallès, 1839 - 1913)

PLANTADA, V. (1887). "Un episodi de la Pineda Fosca". La Renaixença. Barcelona.

Pineda Oscura (archivo sonoro)

 

Encina de Can Magre

(muerta el año 1968)

 

Junto a la higuera, imponente, exuberante, se encuentra la famosa encina de Can Magre. Tiene una cepa muy gruesa, aunque no muy alta, que a medida que sube hacia arriba se multiplica formando una copa grandiosa. Cuando la miras parece hecha con un molde, ya que no sale una rama más que la otra, y con la puesta del sol su copa coge unos colores rojizos, verdes claros, verdes muy oscuros... Coge unos tonos de una belleza formidable que yo soy incapaz de describir. Es la reina de las encinas y no me extraña que el maestro en colorido y paisajista Joaquim Mir, mirándola, quedara embelesado y la inmortalizara en su famoso cuadro "La encina y la vaca", que se conserva hoy en una sala del Museo del Prado.

 

Pere Bonvilà i Miralles (Mollet del Vallès, 1905 - 1986)

BONVILÀ, P. (1980). "El meu Mollet. Boscos i vernedes". Document inèdit, 16 p. Mollet del Vallès.

Encina de Can Magre (archivo sonoro)

 

Encina del Puente del Remolino

 

Talada el año 1932

 

Cerca del torrente Caganell, contemplamos la encina del Puente del remolino. Es una encina fantástica, tiene un tronco muy grueso y para abrazarla al menos harían falta cinco hombres. Su copa también es fabulosa, las puntas de las ramas están llenas de nidos de pájaros, de pájaros y urracas, y cuando sale el sol y también cuando se pone, vale la pena escuchar el concierto de canto que los pájaros allí organizan.

Esta encina enorme y centenaria, qué montón de cosas habrá visto y cuántas tormentas de rayos y truenos, de agua y granizadas habrá aguantado [...] Algunos molletanos todavía nos acordamos de las bromas pesadas que de vez en cuando nos gastaba, haciéndonos beber a morro. Esta encina tan famosa es propiedad de Fonolleda, y este señor, en 1932, tomó la determinación de cortarla. Al enterarse, Josep Sans (Vilarrosal) quiso hacerle ver la barbaridad que iba a cometer pero al no poder convencerlo le ofreció darle la mitad del valor de la encina y que no la talara. Pero no quiso escuchar y la encina fue talada y vendida al Fermí de Moncada y así se cometió otra barbaridad haciendo desaparecer una encina tan nombrada y querida por todos los molletanos.

[...] Todo el pueblo sintió mucho que talaran esta encina pero el único hombre que alzó la voz fue Josep Sans.

 

Pere Bonvilà i Miralles (Mollet del Vallès, 1905 - 1986)

BONVILÀ, P. (1980). "El meu Mollet. Boscos i vernedes". Document inèdit, 16 p. Mollet del Vallès.

Encina del Puente del Remolino (archivo sonoro)

 

Bosque de Can Pantiquet

 

Nuestro bosque de Can Pantiquet

 

Que nos perdone el buen amigo de este Fomento, el señor Jaume Julià, si llamamos así a su magnífico bosque de Can Pantiquet.

No sabríamos, ni podemos llamarlo de otra manera después de haber organizado durante seis años seguidos la gran fiesta de las sardanas que es cada año nuestro Encuentro.

[...]

Hay que haberse cobijado bajo aquella multitud de gigantes de verdes testas y haber oído entre sus esbeltos troncos el eco de nuestra herramienta de trabajo, en lugar del griterío alegre de la multitud diversa que viene el día del Encuentro.

Hay que haber descansado el cuerpo fatigado y sudoroso, sobre la blanda y fresca alfombra que se extiende al abrigo de cada pino, después de unas horas de trabajar con deleite para la fiesta grande que se acerca.

[...]

El lugar donde está situado, su limpieza, su frescura y abundancia de agua, sus pinos tan pulidos y esbeltos, forman un conjunto maravilloso que cautiva y atrae a los que han tenido el acierto y la alegría de visitarlo.

Las sardanas, en su interior, tienen toda la añoranza, toda la alegría o tristeza en que han estado inspiradas.

Asistir un año al Encuentro Sardanista de "nuestro bosque", es imponerse el deber de visitarlo dos o tres veces más durante el año.

 

Frederic Ros Sallent (Mollet del Vallés, 1875 - Barcelona, 1956)

ROS, F. (1935). "El nostre bosc”. Nostra Veu, 39. Mollet del Vallès.

Bosque de Can Pantiquet (archivo sonoro)

 

 

Piedra Salvadora

Megalito neolític destrudo el año 1975

 

La gente le llama Piedra Salvadora. Dice que, en la guerra de los Franceses, un joven de la zona perseguido por ellos y viéndose perdido, se escondió debajo de ella y se salvó, y desde entonces por este nombre es conocida. Hoy ya no sería posible, ya que los terrenos de la viña en que se encuentra, cavados y removidos, casi la han enterrado.

Francesc Maspons Labrós (Granollers, 1840 - Bigas, 1901)

MASPONS, F. (1882). "De Mollet a Bigas". Anuario de la Asociación de Excursiones Catalanas, 2. Barcelona.

Piedra Salvadora (archivo sonoro)

 

Can Mollet

Masia de origen medieval derruida en 1967

Con cuatro zancadas llegamos a Can Mollet. Es una masía muy grande. Aquí nací yo; mi padre, José Bonvilà, es el cuidador de la finca.

Según he oído contar a Salvador Mollet, propietario de la finca, que murió en 1915 a la edad de 88 años, esta casa fue la primera que se construyó en Mollet y los Mollet fueron los primeros colonizadores de Mollet. Me contaba que Can Mollet había sido muchas veces renovada, porque, según decía Salvador Mollet, había sido de planta baja piso y desván y una finca muy extensa, pero con los años había pasado varias desgracias. En la guerra de la Independencia los franceses la quemaron y los de Can Mollet marcharon con el ganado a refugiarse en casa de Santpare. Al 1815 Can Mollet fue restaurada y ese mismo año se casaron el heredero y la heredera. En 1932 Can Mollet cambia otra vez de fisonomía, es alargado y le lavan toda la cara.

[...]

En el momento que yo os lo presento tiene un gran patio donde a cada lado del portal hay dos granados y seis acacias, un cerezo, un par de almendros, un tilo que hacen sombra en el patio, en frente una gran cuadra para las vacas, la era junto con tres grandes pajares de paja y una pajar de alfalfa, a lo largo del patio, un gran jardín con varios rosales y toda clase de flores. En la pared de debajo de la casa pasa la mina de Can Magre, donde está el lavadero con una higuera centenaria que hace sombra. Un poco más apartado, hay otra, esta es muy grande, tiene una cepa muy alta y gruesa, en muchos lugares está carcomida, tiene la cepa llena de bultos y tiene muchos agujeros que los pájaros carpintero aprovechan para criar ahí pero ella aguanta haciendo higos a granel de una calidad excelente. En el huerto hay más de cincuenta árboles frutales de todo tipo que en su tiempo hacen las delicias de todos los de casa, de todos los invitados y otros que se invitan solos. Bajo la cuadra hay cuatro almeces también centenarios; hay uno muy alto y grueso, está hueco por dentro, yo más de una vez he entrado por un agujero que tenía abajo y he subido hasta la copa. Yo no sé cómo un árbol así hueco de dentro puede vivir, pero él sabe los años que vive así, aguanta firme y exuberante...

 

Pere Bonvilà Miralles (Mollet del Vallés, 1905-1986)

BONVILÀ, P. (1980). "El meu Mollet. Boscos i vernedes". Document inèdit, 16 p. Mollet del Vallès.

Can Mollet (archivo sonoro)

 

Mina de Can Magre

 

S. XVIII o quizás anterior

 

Mira la mina de Can Magre,

de agua clara, de buen chorro,

bellos amores entre meriendas

cerca del bosque, la hierba e hinojo.

 

Joaan Ambrós i Lloreda (Mataró 1906 - Abbeville, 1992)

"Bell Mollet". Sardana para cobla y coral a tres voces. Letra de Joan Ambrós i Lloreda y música d'Antoni Suñé i Font.

Mina de Can Magre (archivo sonoro)

 

 

El Calderí

 

1880-1941

Hace años entre Mollet y Caldes de Montbui circulaba el tren de vía estrecha que la gente de la comarca distinguía con el nombre de Calderí. Bordeaba casi siempre la carretera. Su lentitud permitía a los viajeros subir y bajar, con el convoy en marcha, para refrescar la garganta con fruta o granos de racimo que recogían de los campos de los márgenes. Más allá de la carretera, todavía quedan trozos de vía que recuerdan aquellos viajes tan felices.

 

Ferran Canyameres i Casamada (Terrassa, 1898 - Barcelona, 1964)

CANYAMERES, F. (1960). El Vallès (vigor i bellesa). Ed. Selecta. 311 p. Barcelona.

 

El Calderí (archivo sonoro)

 

Fábricas textiles

 

Pelleria (1897 - 2007) Can Fàbregas (1900 - 2001) Can Mulà (1913 - 1971)

 

Nací, pues, el año 1930, el 23 de mayo. Mi pueblo, Mollet, era entonces un núcleo urbano de unos seis mil habitantes, a medio camino entre el campo y la industria, pero la balanza se inclinaba ya hacia la industria con las grandes fábricas textiles de Can Fábregas   y Can Mulà i la poderosa Tenería Moderna Franco Española, la "Pelleria". Las sirenas gritaban a los trabajadores de cada turno, hacia las cuatro de la mañana, a las doce señalaban el final del turno matinal y a la una y media gritaban a los trabajadores de la tarde. A cada llamada de sirena, las calles que llevaban a las fábricas, como el mío, Berenguer III, se llenaban de gente que salía o se incorporaba al trabajo. Crecí, pues, con la convicción que este era el ritmo natural de los días.

 

Jordi Solé Tura (Mollet del Vallès, 1930 - Barcelona, 2009)

SOLÉ TURA, Jordi (1999). "Una història optimista". Edicions 62, Col·lecció Biografies i Memòries, 40. 420 p. Barcelona.

Les fábricas (archivo sonoro)

 

L'Ateneu (1902 - 1955) i el Tabaran (1919 - actualidad)

 

 

Los domingos, después de comer, pedía la paga a mi padre y salía corriendo hacia el cine. Primero fueron el Ateneo y el Tabarán, donde compraba chufas a la Gata Maula, por diez céntimos.

Josep Maria Pou i Serra (Mollet del Vallès, 1944)

ARIMON, G. (2003). "Josep Maria Pou i Serra, molletà il·lustre". Ajuntament de Mollet del Vallès. 109 p. Mollet del Vallès.

 

El Ateneo y el Tabaran (archivo sonoro)

El lavadero de Can Lledó

 

Derribado en la década de 1960

 

El lavadero público de Can Lladó fue reformado los primeros meses del año (1910) por Miquel Rosés y sus manobras, e inmediatamente consiguió gran aceptación entre las mujeres del pueblo, que entre golpes de picador y enjabonada a la ropa se explicaban todo lo que les había pasado, lo que pasaba y lo que vendría en voz lo suficientemente alta para que todo el mundo se enterara. Algún gracioso del término bautizó el lavadero como el Congreso de los Diputados de Mollet, y según parece no le faltaba razón.

 

Joan Solé Tura (Mollet del Vallès, 1917 - 2008)

SOLÉ TURA, J. (1988). Mollet, 1900-2000. "Memòries d'un molletà". L'Aixernador, edicions argentonines. 259 p. Argentona.

El lavadero de Can Lledó (archivo sonoro)

 

Puente de la Pereza 

 

1911-1941

 

Quien más quien menos ha oído hablar de él, la mayoría saben que era el lugar de concentración de los “pasotas de antes”, que lo consideraban como su feudo privilegiado donde se contrastaba abiertamente cualquier cuestión de política y de deportes preferentemente. Es decir, que arreglaban el mundo.

Según nuestras informaciones, el día 3 de febrero de 1901 se acordó en una sesión del Ayuntamiento, en aquellos tiempos formado por el tándem Ros-Santamaria, de construir un puente en el extremo de la calle Barcelona para poder atravesar el torrente Caganell, que atrevidamente resbalaba las aguas por medio del pueblo. Y naturalmente cuando llegaba una riada, la gente se encontraba con serias dificultades para pasar de un lado al otro pero hasta septiembre de 1904 el puente no fue inaugurado. Luego fue el punto de reunión de los jóvenes que al salir del trabajo se congregaban en sus barandas [...]

Como en tiempos de calor, el sol daba todo el día, la tertulia se trasladaba a un lugar más sombreado como eran los ventanales del Ateneo y allí podían escuchar cada mediodía al Soto, al Vallcorba, al Emili Mateo, al Andrés de Gracia, al Vigatà, al Cayo, a los de Ca la Fonta, a los del Cal Castells, al Ventalló y tantos y tantos otros, las encarnizadas discusiones de todos ellos, que si el Barça, que si el Espanyol, que si la Liga, que si la Izquierda, que si Mollet, que si Granollers o el Ripollet, hasta cinco minutos antes que las sirenas de las respectivas fábricas anunciasen la entrada al trabajo, entonces como por arte de magia el sitio quedaba vacío, ya que todos los asamblearios comenzaban una carrera para no llegar tarde al trabajo.

Al cubrirse el torrente, justo acabada la guerra, el puente de la Pereza ya no tenía razón de ser y, claro, desapareció, y aunque algunos digan que la nostalgia no sirve para nada, muchos lo recuerdan con un suspiro de melancolía.

Seamos razonables sin embargo: no será porque la "pereza" te la sacaban de encima y a la vez los años eran mucho menos que los de ahora?

 

SOLÉ TURA, J. (1981)

Mollet, la història que segueix. Gràfiques Aster. 219 p. Mollet del Vallès.

Puente de la Pereza (archivo sonoro)

 

 

 

 

 

 

Documents de l'exposició

Document Plafons de l'exposició (18 MB) - pdf

Document Mapa de localització dels elements (173 KB) - pdf

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